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Caso Donald Allis

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El Caso Donald Allis es un ejemplo que ilustra sobre la capacidad de algunos grupos Alienígenas de tomar la forma e imagen exacta de alguna persona en la Tierra, y tener sexo con otras personas, para engendrar niños híbridos. Donald Allis tuvo al menos 4 Encuentros Físicos con Alienígenas:

  • En el primero (17 de Agosto de 1986), en las afueras de Nueva York, dos Alienígenas lo inmovilizan a él y a su esposa, y los tienden a ambos en el suelo para tantear cada centímetro de sus cuerpos.
  • En el segundo (18 de Agosto de 1986), ambos vieron atónitos cómo estos Alienígenas habían tomado la forma exacta que ellos tenían, salvo que los Alienígenas mostraban unos ojos más rasgados, y tenían una voz metálica.
  • En el tercero (1989), el ahora viudo Donald, se encuentra en la puerta de su casa a la Alienígena que había tomado la forma de su esposa, y tiene sexo con ella.
  • En el cuarto (Diciembre de 1995), se encuentra con una niña y los Alienígenas en forma humana. La mujer le explica que la niña es su hija, la hija de ambos, producto del Encuentro anterior.

Primer Encuentro: Alienígenas Tocadores

El 17 de Agosto de 1986, Donald Allis conducía su auto por las afueras de Nueva York. Su esposa Donna dormitaba a su lado, e iban a la casa de los padres de ella, que vivían en una finca ubicada a varios kilómetros de la ciudad. Era de noche y el cielo estaba despejado y tranquilo.

Iban ya en la carretera y había pocos autos. Llegó el momento en que abandonaron la carretera para seguir por un camino polvoriento y pedregoso. Eran los únicos que transitaban por esa vía y la oscuridad los envolvía. Árboles y matorrales les flanqueaban el camino.

De pronto, el auto se detiene. El radiador necesitaba agua para seguir trabajando. El matrimonio salió del auto, y se internó entre la espesura junto a un arroyo cercano que pasaba cerca de ahí. Donald traía un recipiente de plástico con la que pensaba llevar el agua para el radiador. Escuchó ruidos detrás, y volteó rápidamente. Entonces, dos siluetas negras los sujetaron y una de ellas le tapó la boca a la mujer para que no gritara.

Cuando ven a sus asaltantes, quedan mudos de asombro, ya que estaban ante un par de humanoides delgados, muy pálidos, desnudos pero sin genitales, sin dedos en las manos ni en los pies, y sus cabezas eran muy grandes. Estaban desprovistos de pelo, orejas, nariz y boca y tenían dos ojos muy grandes y negros, como dos bolas ovaladas y brillantes.

El matrimonio trató de forcejear o de gritar, pero de algún modo, las criaturas los inmovilizaron y enmudecieron. Parecían dos fantasmas que semicambiaban de forma, tratando de parecer humanos. Sus cuerpos despedían un vaho blanco y eran masas semisólidas. Cuando tocaban a los aterrados humanos, éstos sentían húmedo, aunque su piel seguía seca.

Los depositaron sobre el pasto. No podían moverse y uno de ellos empezó a desnudar completamente a la mujer, que lloraba en silencio y temblaba de frío. Un humanoide la tomó de la cabeza y el otro empezó a tocarle parte por parte del rostro; los ojos, la nariz, la boca, las orejas. Se veían entre sí y aparentemente se comunicaban telepáticamente. La inspeccionaron centímetro a centímetro, y hasta le contaron los dedos de las manos y los pies, analizando muy cuidadosamente sus genitales, y los orificios de su cuerpo. Satisfecha su curiosidad, la dejaron y procedieron a hacer lo mismo con el hombre.

Luego, se pusieron de pie, los observaron largo rato y se alejaron hacia la espesura. Poco a poco, el matrimonio sintió un hormigueo por todo el cuerpo. Unos dos minutos después, pudieron sentarse torpemente y se levantaron. Caminaron hacia los matorrales, y vieron una Nave elevándose por los aires. En cuestión de segundos, dio una vuelta en parábola y desapareció en el horizonte a toda velocidad.

Atontados por la increíble experiencia, regresaron hasta donde estaban sus ropas, y se vistieron en silencio. La mujer lloraba y temblaba de frío. Todavía sumido en el shock de la experiencia, el hombre fue por el agua al arrollo, y ambos volvieron al auto.

Se dirigieron a casa de los padres de Donna, la mujer. Decidieron no contarles nada, para no ser objeto de burlas, y fingieron tranquilidad mientras cenaron. Se quedaron a dormir, y esa noche, la mujer tuvo un sueño muy inquieto, mientras Donald, desvelado, repasaba una y otra vez, en detalle, los acontecimientos que habían ocurrido horas antes. Parecía que habían tenido un contacto físico con auténticos Alienígenas venidos de alguna parte del Universo.

Segundo Encuentro: Alienígenas Exhibicionistas

Al día siguiente, acompañaron a los padres de Donna a comprar flores y tierra a un vivero cercano. Mientras ellos elegían lo que iban a comprar, el matrimonio esperó en el auto, en el solitario estacionamiento del lugar. Donald le comentó a su esposa la experiencia vivida el día anterior, y ella le respondió:

—Oh, Donald. No me recuerdes ese horrible episodio. Prefiero pensar que todo fue únicamente un mal sueño.

Ambos, entonces, decidieron olvidar el incidente y procurar seguir su rutina de vida. Él la abrazó, y ella se acurrucó en su pecho. Entonces, se apartaron muy sorprendidos al ver a dos personas, un hombre y una mujer, vestidos con largos abrigos, que los estaban observando.

Al verlos cara a cara, quedaron aterrados, ya que la pareja de extraños era idéntica a ellos, salvo que el par de intrusos tenían los ojos marcadamente orientales. Les sonrieron, y el tipo le dijo con una voz metálica:

—Venimos a darles las gracias por habernos permitido tomar moldes de sus cuerpos.

Para su total asombro, la pareja se desabrochó los abrigos y, como si fueran un par de exhibicionistas, les mostraron sus cuerpos completamente desnudos. Éstos eran una copia exacta de sus cuerpos. La tipa se quitó los zapatos para mostrar la copia exacta realizada de los pies de Donna, incluyendo una cicatriz que tenía en el arco del pie derecho.

Se desabrocharon los abrigos y la mujer les comentó:

—No se preocupen. Queremos ser sus amigos. No les haremos nada malo, ni pretendemos hacerle daño a nadie. Somos habitantes de la Galaxia Gozzthal y hemos adquirido forma humana para convivir con ustedes y conocerlos bien, ya que somos mensajeros y portadores de la paz y la amistad que nuestra gente quiere entablar con ustedes, y establecer así la Gran Hermandad Cósmica.

El matrimonio quedó como hipnotizado viéndolos, sin entender si todo aquello era real, o acaso estaban soñando. El tipo les dijo:

—Hasta pronto. En breve nos comunicaremos con ustedes. Reciban Amor de nuestra parte.

Dicho esto, se alejaron del lugar rápidamente y el matrimonio permaneció callado, sin saber qué decir ni qué pensar. Cuando salieron los padres de Donna cargados de plantas y costalillos de tierra, los ayudaron a subirlos al auto, y Donald condujo silenciosamente, mientras su suegra parloteaba sobre las petunias y geranios cultivados que habían visto.

Estudios Científicos

Días después, Donald fue a ver a Arnold Matterson, un amigo psicoterapeuta, que además estaba adentrado el temas ufológicos. Escuchó con asombro su relato, lo hizo recostarse sobre su diván, y conectó unos electrodos en su cabeza, muñecas y tobillos. Una vez concluidos los estudios, le dijo que su cuerpo tenía una pequeña cantidad de radiación. Y agregó:

—Procura no encargar familia con tu mujer hasta pasados unos tres meses. La cantidad de radiación es muy baja, pero quizá podría alterar un poco tus genes, y no quiero que se lleven una desagradable sorpresa.

Aparte, lo llevó a hacerse unos estudios médicos, y lo encontraron completamente sano.

Donald habló con su mujer al respecto, y aceptó que también a ella le realizaran los mismos estudios. Los resultados fueron que, físicamente estaba completamente sana, pero también tenía un pequeño nivel de radiactividad.

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Centro Espacial John F. Kennedy, de la NASA, en Florida (USA).

Arnold consultó sobre este caso con un amigo que trabajaba en la NASA. Pronto, el matrimonio fue recibido en el Centro Espacial John F. Kennedy de la NASA, en Florida, y varios científicos los interrogaron pacientemente. Les hicieron estudios médicos, y otros más. Por ejemplo, los metieron desnudos en unas campanas de cristal, y con computadoras y aparatos registraban muchas cosas en ellos. Tomaron muestras de semen de Donald, y extrajeron óvulos a Donna, que estudiaron detenidamente.

La NASA incautó el informe, titulado «Investigación sobre un Testimonio de un Contacto Visual y Físico con Extraterrestres en Nueva York», y pidieron al matrimonio absoluta discreción respecto al tema. Entonces, Donald y su esposa volvieron a su hogar, y siguieron su vida normal.

Pasaron dos años en los que aparentemente, no sucedió nada. El matrimonio iba cada tres meses a la NASA para chequeos médicos. Aunque a la pareja ya se le había quitado la radiación, extrañamente no podían tener hijos.

Mientras tanto, en el Laboratorio de Biogenética del Centro Espacial (según investigación del ufólogo español Arturo Rebollés), los científicos tomaron muestras de esperma de Donald y un óvulo fresco de Donna cuando ambos todavía tenían las radiaciones, y los fecundaron en probeta. De esto surgió un feto, el cual crecía normalmente, y fue trasplantado en el vientre de una mujer negra que se prestó para tener al bebé.

Cuando nació la criatura (un varón), era un monstruo: Los ojos estaban muy apartados de su cabeza, tenía el labio leporino, le faltaba la mandíbula inferior, no tenía brazos, los testículos estaban fuera del escroto, tenía las piernas torcidas, y los dedos de los pies eran unas bolas de carne. Afortunadamente, nació muerto, y su cadáver lo pusieron en refrigeración, para continuar los estudios...

Tercer Encuentro: Sexo con una Alienígena

En 1988, pasados dos años desde aquel encuentro con los Extraterrestres, la preocupación del matrimonio Allis era que no podían tener hijos, pese a que ambos estaban totalmente sanos. Pensaban en la Inseminación Artificial cuando sucedió la desgracia: Donna y sus padres habían ido a la ciudad mexicana de Tijuana a arreglar unos negocios del padre, cuando en la carretera, un tráiler los embistió. Su vehículo cayó en un barranco y murieron los tres.

Donald sepultó a su esposa y suegros, y pasó un año viviendo solo. Un día de 1989, tocaron a la puerta, y cuando abrió, se quedó sorprendido al ver al alienígena que había tomado forma humana, usando el molde de su difunta mujer. El corazón le latía fuertemente, ya que era tan idéntica a ella, que si no fuera por los ojos orientalizados, hubiera creído que era Donna.

Con su voz metálica, le dijo:

—Vengo a hacerte menos penosa tu soledad.

Entró a su casa, y charlaron un poco en la sala. Ella le preguntó si ya se había sobrepuesto a la pérdida de su mujer, y él le dijo que no; y menos en esos momentos en que ella, que se parecía tanto a su mujer, estaba ahí.

Entonces, la alienígena se levantó y se despojó de toda su ropa. Donald sintió emociones encontradas al ver el molde exacto de aquel cuerpo que había amado tantas veces, pero que ya no estaba con él. Ella lo atrajo hacia sí, y las horas que pasaron fueron como un torbellino. Le estaba haciendo el amor a una alienígena, pero él sentía que estaba intimando con su propia esposa.

Al anochecer, ella se vistió y salió de la casa. Caminó apresuradamente hasta la esquina, donde la esperaba su compañero que había tomado el molde de su cuerpo.

Cuarto Encuentro: «Hola, papá...»

Pasaron los años, y Donald ya no se volvió a casar. Infinidad de veces pensó en aquella intrusa que estuvo toda una tarde entre sus brazos, pero durante varios años quiso creer que aquello debía haber sido un mal sueño. Hasta que, a principios de Diciembre de 1995, se encontraba tomando Sol en Acapulco, cuando tuvo un encuentro que lo dejó sin habla.

Vio a una niña como de 6 años, vestida solamente con una pantaletita azul. Era blanca, muy parecida a Donna, y a él mismo. Vestida solamente con una pantaletita azul, se le acercó y, dándole una caracola multicolor con flores amarillas, y un beso en la mejilla, le dijo:

—Hola, papá...

Donald notó en su voz un leve matiz metálico, y no salía de su asombro cuando vio a la pareja de alienígenas vestidos con trajes de baño. La mujer le dijo:

—¿Recuerdas el día que te visité en tu casa? ¡Pues ésta niña es tu hija! Ella tiene una Misión que cumplir en este mundo y también, como nosotros, se mezclará con la gente y preparará el terreno para que los terrestres nos vayan aceptando cada vez más y con toda naturalidad.

Donald miró a la pequeña, quien lo contemplaba sonriente. Tenía la misma verruga a la altura del riñón derecho que él, y sus piececitos eran idénticos a los de su esposa, pero en pequeño: la forma peculiar de los dedos y uñas de los pies, y el lunar en el arco del pie derecho. Donald no pudo más, y se puso a llorar, hecho un mar de lágrimas.

Cuando, por fin se tranquilizó, y secó sus ojos, la niña y la pareja habían desaparecido. Donald podía pensar que todo había sido un sueño, pero a su lado aún estaba la caracola que le había dejado la niña.

Fuente para este artículo:

  • «Alienígenas Entre Nosotros» (Libro de Carlos Resendiz Segovia, publicado en 1996 por Editorial Mina; el autor dice haber tomado la información de un artículo del periodista español Arturo Rebollés, publicado en un número no especificado de la revista Quadrophenia, que debió haber salido ese mismo año).

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